Domingo, 27 de Janeiro de 2013

Supongo, respetado ahorrador, que si es usted inversor activo tendrán algún dinero invertido en Bolsa, ya sea vía fondos o vía una cartera de valores. También supongo que muchos inverso­res activos se sorprendieron por el raro comportamiento que la Bolsa tuvo en los albores del siglo XXI, sobre todo después de haber vivido unos años eufóricos, donde las subidas sistemáticas eran la tónica habitual. Raro era el inversor que no se jactaba de haber obtenido excelentes beneficios, ¿verdad? Sin embargo, nadie, o muy pocos, les indicaron en su momento que todo lo que sube, baja, ¿verdad? Nadie, o muy pocos, les avisaron que, subidas globales del 50% como la de 1997 o del 37% como la de 1998, eran subidas excepcionales y exageradas que raramente se repiten, ¿verdad? Nadie, o muy pocos, les advirtieron que en Bolsa es conveniente diversificar, que no es oro todo lo que reluce, que 110 hay que invertir el dinero que necesitamos a corto plazo, que es útil fijarse una rentabilidad razonable y vender cuando dichas dificultades son  cosas que les tenían que haber dicho... pero nadie, o muy pocos, se las dijeron. Simplemente, no les han dado servicio. Y luego llegó la decepción, acompañada, según las múltiples llamadas y correos que he recibido, de pérdidas de patrimonio, algunas veces impor­tantes. Pues miren, sinceramente lo siento, pero estas vivencias reales nos deben servir de lección para ser más selectivos y no dejarnos llevar por los encantadores de serpientes.

 

 

 

 

Aunque les parezca mentira, la Bolsa sigue siendo una excelente herramienta para hacer rentables nuestros ahorros, y los interme­diarios financieros serios existen, pero como en todas las épocas de «vacas gordas» (estén locas o no), aparecen falsos expertos, con falsos servicios, que hacen creer que todo es «Jauja», que ganar dinero es muy fácil, y dado que el entorno del momento ayuda, nos creemos lo que nos cuentan. En Bolsa, como en todo mercado donde unos compran y otros venden, hay que compa­rar los servicios ofrecidos y verificar que lo que nos venden tiene la relación calidad/precio que se anuncia. Las épocas de «vacas menos gordas», como la que hemos vivido estos últimos años, deben ser aprovechadas para separar el polvo de la paja y desen­mascarar, entre otros, a los pseudo expertos bursátiles que se han creído ellos mismos que eran grandes especialistas. El dinero es de ustedes. Si no quieren o no tienen tiempo para gestionarlo, tómense el tiempo necesario para detectar a quien mejor se lo gestione. Busquen los servicios, sin adjetivos, correspondientes al dinero que pagan por ellos.


¿Hay que pagar los servicios financieros ?


¡ Pague dos, llévese tres! Compre hoy, pero ¡ empiece a pagar dentro de seis meses, y además sin intereses! ¡Tarifa plana mensual para usted, ¡110 me pague, no lo mero/,col; Ir digo mita, si tiene usted la más minima intención de pensar que yo pueda remotamente ofrecerle un servicio financiero que pudiera ser de su agrado, me sentiré tan halagado que considero, simplemente, que mi entidad no sólo no debe cobrarle, si no que además debe ofrecerle una vajilla de I .imoges, un viaje a Cancún con todos los gastos pagados para tres personas (para dos es demasiado clásico), y además le garantiza­mos doblar su capital inicial si el índice combinado de los valores relativos a churras y merinas se incrementa un guarriciento por cien en tropecientos días.

publicado por dineroonline às 20:27

Domingo, 06 de Janeiro de 2013

La burbuja inmobiliaria tenía, en cierto sentido, menos razón dtf ser que la burbuja bursátil de la década anterior. Sí, había sido mui insensatez dejarse llevar de aquel modo con Pets.com y todo aqne lio, pero lo cierto es que aquel universo tecnológico nuevo y exci« tante estaba buscando quien lo explotara. Si a eso le añadimos mui mejora real de los indicadores —la estanflación ya no era una ame naza y el ciclo económico parecía haberse moderado—, había mo­tivos para creer que algunas de las reglas del pasado habían pasado a mejor vida.

Sin embargo, ¿cómo se justificaba una burbuja inmobiliaria? Sabemos qué hizo que los precios de la vivienda empezaran a subin durante los primeros años de esta década, los tipos de interés esta­ban muy bajos, por razones que explicaré a continuación, lo qul hacía que resultara más atractivo comprar una casa. Y, evidente mente, esto justificaba un cierto aumento de los precios.
Pero no justificaba la creencia de que todas las reglas del pasado habían quedado derogadas. Una casa es una casa; hace ya mu chos años que los estadounidenses acostumbran a comprar una casi» Así, la subida de la cotización de las acciones retroalimenta todo el sistema. De nada servían los argumentos más o menos  zonables a favor de invertir en Bolsa: en 1998, lo que la gente vn.i era que todo aquel que compraba acciones había ganado grande» sumas de dinero y que quien había optado por mantenerse al margen se estaba quedando rezagado. Y así, cuanto mayor era la cantidad de dinero que se invertía en Bolsa, más subía la cotización de las acciones, y más crecía una burbuja que parecía no tener limites.

Pero, evidentemente, sí tenía límites. Como ha señalado Roberl Shiller, autor de Irrational Exuberance, una burbuja bursátil es una suerte de esquema de Ponzi en el que la gente seguirá gan.m do dinero mientras haya tontos que decidan entrar en él. Pero lle­ga un momento en que ya no quedan más tontos y todo el sistema se desmorona. En el caso de la Bolsa, el punto de inflexión se pm- dujo en el verano del año 2000. Durante los dos años siguientes, las acciones perdieron, de media, un 40 por 100 de su valor.
Poco después comenzó a inflarse la siguiente burbuja.



 



Pero no justificaba la creencia de que todas las reglas del pasado habían quedado derogadas. Una casa es una casa; hace ya mu chos años que los estadounidenses acostumbran a comprar una casi»
pidiendo una hipoteca, pero resulta difícil comprender por qué hubo quien creyó, allá por 2003, que los principios básicos de esos préstamos ya habían quedado superados. Los años de experiencia nos enseñan que, quien quiera comprarse una casa, no debería pe­dir una hipoteca cuyas cuotas no pueda permitirse, y que debería dar una entrada suficiente para que, aun en el supuesto de un lige­ro descenso de los precios de la vivienda, el valor líquido siguiera Hiendo positivo. Unos tipos de interés bajos deberían haber redun­dado en las cuotas de las hipotecas, pero poco más.

Lo que realmente sucedió, sin embargo, fue que la gente olvidó por completo los principios tradicionales, en parte a causa de la exu­berancia irracional de algunas familias que, a la vista de que el pre­cio de la vivienda no se detenía, decidieron lanzarse al mercado sin preocuparse por cómo iban a devolver el dinero. No obstante, la causa principal de este abandono fue un cambio en las prácticas prestatarias. A los compradores se les concedían hipotecas sin ha­ber dado una entrada o tras pagar una pequeña entrada, y a sabien­das de que las cuotas mensuales estaban muy por encima de sus (posibilidades —o que serían inasumibles cuando llegara el mo­mento de recalcular aquel tipo de interés inicial bajo que había servido para atraerlos—. Aunque no todas, una parte importante de estas arriesgadas prácticas pertenecía a lo que se ha dado en lla­mar «hipotecas de alto riesgo» (o subprime), pero el fenómeno era mucho más amplio. Y ni eran sólo aquellos compradores con una renta baja los que estaban estirando más el brazo que la manga, ni pertenecían únicamente a las minorías: la situación afectaba por igual a toda la sociedad.



publicado por dineroonline às 21:38


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