Domingo, 06 de Janeiro de 2013

La burbuja inmobiliaria tenía, en cierto sentido, menos razón dtf ser que la burbuja bursátil de la década anterior. Sí, había sido mui insensatez dejarse llevar de aquel modo con Pets.com y todo aqne lio, pero lo cierto es que aquel universo tecnológico nuevo y exci« tante estaba buscando quien lo explotara. Si a eso le añadimos mui mejora real de los indicadores —la estanflación ya no era una ame naza y el ciclo económico parecía haberse moderado—, había mo­tivos para creer que algunas de las reglas del pasado habían pasado a mejor vida.

Sin embargo, ¿cómo se justificaba una burbuja inmobiliaria? Sabemos qué hizo que los precios de la vivienda empezaran a subin durante los primeros años de esta década, los tipos de interés esta­ban muy bajos, por razones que explicaré a continuación, lo qul hacía que resultara más atractivo comprar una casa. Y, evidente mente, esto justificaba un cierto aumento de los precios.
Pero no justificaba la creencia de que todas las reglas del pasado habían quedado derogadas. Una casa es una casa; hace ya mu chos años que los estadounidenses acostumbran a comprar una casi» Así, la subida de la cotización de las acciones retroalimenta todo el sistema. De nada servían los argumentos más o menos  zonables a favor de invertir en Bolsa: en 1998, lo que la gente vn.i era que todo aquel que compraba acciones había ganado grande» sumas de dinero y que quien había optado por mantenerse al margen se estaba quedando rezagado. Y así, cuanto mayor era la cantidad de dinero que se invertía en Bolsa, más subía la cotización de las acciones, y más crecía una burbuja que parecía no tener limites.

Pero, evidentemente, sí tenía límites. Como ha señalado Roberl Shiller, autor de Irrational Exuberance, una burbuja bursátil es una suerte de esquema de Ponzi en el que la gente seguirá gan.m do dinero mientras haya tontos que decidan entrar en él. Pero lle­ga un momento en que ya no quedan más tontos y todo el sistema se desmorona. En el caso de la Bolsa, el punto de inflexión se pm- dujo en el verano del año 2000. Durante los dos años siguientes, las acciones perdieron, de media, un 40 por 100 de su valor.
Poco después comenzó a inflarse la siguiente burbuja.



 



Pero no justificaba la creencia de que todas las reglas del pasado habían quedado derogadas. Una casa es una casa; hace ya mu chos años que los estadounidenses acostumbran a comprar una casi»
pidiendo una hipoteca, pero resulta difícil comprender por qué hubo quien creyó, allá por 2003, que los principios básicos de esos préstamos ya habían quedado superados. Los años de experiencia nos enseñan que, quien quiera comprarse una casa, no debería pe­dir una hipoteca cuyas cuotas no pueda permitirse, y que debería dar una entrada suficiente para que, aun en el supuesto de un lige­ro descenso de los precios de la vivienda, el valor líquido siguiera Hiendo positivo. Unos tipos de interés bajos deberían haber redun­dado en las cuotas de las hipotecas, pero poco más.

Lo que realmente sucedió, sin embargo, fue que la gente olvidó por completo los principios tradicionales, en parte a causa de la exu­berancia irracional de algunas familias que, a la vista de que el pre­cio de la vivienda no se detenía, decidieron lanzarse al mercado sin preocuparse por cómo iban a devolver el dinero. No obstante, la causa principal de este abandono fue un cambio en las prácticas prestatarias. A los compradores se les concedían hipotecas sin ha­ber dado una entrada o tras pagar una pequeña entrada, y a sabien­das de que las cuotas mensuales estaban muy por encima de sus (posibilidades —o que serían inasumibles cuando llegara el mo­mento de recalcular aquel tipo de interés inicial bajo que había servido para atraerlos—. Aunque no todas, una parte importante de estas arriesgadas prácticas pertenecía a lo que se ha dado en lla­mar «hipotecas de alto riesgo» (o subprime), pero el fenómeno era mucho más amplio. Y ni eran sólo aquellos compradores con una renta baja los que estaban estirando más el brazo que la manga, ni pertenecían únicamente a las minorías: la situación afectaba por igual a toda la sociedad.



publicado por dineroonline às 21:38


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